Electricidad

El informe World Energy Transitions Outlook de IRENA reescribe el discurso energético para un mundo con cero emisiones netas

Cambios en las inversiones, los mercados de capital y las políticas para alcanzar un dividendo para la transición energética de 122 millones de empleos en el sector energético al 2050

30 de junio de 2021 – Acelerar las transiciones energéticas hacia una ruta segura para el clima puede aumentar la economía mundial en un 2,4 por ciento con respecto al crecimiento previsto en los planes actuales para la próxima década, según demuestra un nuevo análisis de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA). La ruta hacia los 1,5º C de la Agencia prevé la creación de hasta 122 millones de empleos relacionados con la energía al 2050, más del doble de los actuales 58 millones. Solo las energías renovables representarán más de una tercera parte de todos los empleos en el sector energético, empleando a 43 millones de personas a escala mundial, y respaldando la recuperación pos-COVID-19 y el crecimiento económico a largo plazo.

El informe World Energy Transitions Outlook (“Perspectiva mundial de las transiciones energéticas”) de IRENA apunta a que los sistemas energéticos basados en las renovables instigarán cambios profundos con repercusiones en las economías y sociedades. Se requieren profundos cambios en los flujos de capital y una reorientación de las inversiones para alinear la energía a una trayectoria económica y medioambiental positiva.  Políticas con visión a futuro pueden acelerar la transición, mitigar la incertidumbre y garantizar los máximos beneficios de la transición energética. La necesaria inversión media anual de 4,4 billones de dólares estadounidenses es elevada, pero es viable y equivale aproximadamente al 5 por ciento del PIB mundial en 2019.

“Este informe representa una herramienta práctica y concreta para una reorientación total del sistema energético mundial y representa un discurso energético nuevo y positivo a medida que el sector experimenta una transición dinámica”, afirmó Francesco La Camera, Director General de IRENA. “Existe consenso de que la única vía que nos dará la oportunidad de limitar el calentamiento global a 1,5º C al 2050 es a través de una transición energética basada en las renovables y las tecnologías eficientes. . La visión de IRENA se ha generalizado como la única opción realista para un mundo climáticamente seguro.”. 

“La transformación energética impulsará la transición económica”, prosiguió La Camera. “La transición energética es una enorme tarea, pero puede generar posibilidades nuevas sin precedentes para revitalizar las economías y sacar a las personas de la pobreza. El informe de IRENA aporta un valor único porque destaca los marcos políticos y las estructuras de financiamiento necesarias para avanzar en una transición justa e inclusiva. Cada país definirá lo que sea mejor para éste pero, conjuntamente, debemos asegurarnos de que todos los países y regiones puedan obtener los beneficios de la transición energética mundial a favor de un mundo más resiliente y equitativo. Tenemos los conocimientos técnicos, tenemos las herramientas, tenemos que actuar y tenemos que hacerlo ahora”.

La próxima década va a ser decisiva para alcanzar los objetivos de París y de Desarrollo Sostenible. Cualquier demora nos llevará hacia un mayor calentamiento, con consecuencias económicas y humanitarias profundas e irreversibles.

La eliminación del carbón, la limitación de inversiones en gas y petróleo con el fin de propiciar su disminución rápida y una gestión de la transición, de la mano de soluciones tecnológicas, políticas y de mercado, pondrá al sistema energético mundial hacia la ruta de 1,5º C. De aquí a 2050, es necesario invertir 33 billones de dólares estadounidenses adicionales en eficiencia, renovables, electrificación de uso final, redes eléctricas, flexibilidad, hidrógeno e innovaciones. Sin embargo, los beneficios rebasan con crece los costos de la inversión.

Si se tienen en cuenta los factores externos del cambio climático, la salud humana y la contaminación atmosférica, la amortización es aún mayor y cada dólar destinado a la transición energética generaría unos beneficios por valor de entre 2 y 5,5 dólares estadounidenses, o en términos acumulados, entre 61 billones y 164 billones de dólares estadounidenses para mediados de siglo.

El informe de IRENA ve en la transición energética una gran oportunidad empresarial para que numerosas partes interesadas, incluido el sector privado, pasen de la financiación basada en capital social al de deuda privada. Esta última experimentará un crecimiento de un 44 por ciento en 2019 a un 57 por ciento en 2050, lo que supone un aumento de casi el 20 por ciento con respecto a políticas previstas. A las tecnologías de la transición energética les resultará más sencillo obtener un financiamiento asequible de la deuda y a largo plazo en los próximos años, mientras que los agentes financieros privados evitarán cada vez más financiar activos basados en combustibles fósiles y, por ello, éstos tendrán que depender de la financiación con recursos propios derivados de beneficios no distribuidos y nuevas emisiones de acciones. 

Pero la financiación pública seguirá siendo decisiva para una transición energética ágil, justa e inclusiva y para catalizar la financiación privada. En 2019, el sector público proporcionó alrededor de 450 000 millones de dólares estadounidenses por medio de capital de inversión y préstamos de instituciones de financiamiento para el desarrollo.  En el escenario de 1,5º C que IRENA presenta, estas inversiones prácticamente se duplicarán hasta alcanzar los 780 000 millones de dólares estadounidenses aproximadamente. La financiación mediante deuda pública será una ayuda importante para otros prestamistas, en especial en los mercados en desarrollo.

Como no es previsible que los mercados avancen con la rapidez suficiente por sí mismos, los responsables políticos deben incentivar, y también actuar en la eliminación de las distorsiones del mercado que favorecen a los combustibles fósiles y en facilitar los cambios necesarios en las estructuras de financiamiento. Esto implicará la eliminación de los subsidios a los combustibles fósiles y cambios en los sistemas tributarios a fin de reflejar los costos negativos de los combustibles fósiles en términos medioambientales, de salud y sociales. Las políticas monetarias y tributarias, incluidas las políticas de fijación de precios del carbono, aumentarán la competitividad e igualarán las condiciones. 

Para impulsar un cambio estructural más amplio hacia economías y sociedades resilientes se requiere una mayor cooperación internacional y un conjunto integral de políticas. Sin una gestión óptima, la transición energética corre el riesgo de generar unos resultados desiguales, un desarrollo de doble vía y una desaceleración general del progreso. Para aprovechar al máximo el potencial de la transición energética seguirán siendo indispensables políticas justas e integradas.

Los análisis de los aspectos socioeconómicos, financieros y políticos actuales completan las opciones tecnológicas descritas para una ruta energética compatible con el objetivo de 1,5º C, y brindan a los responsables políticos un manual para obtener resultados óptimos con la transición. Presentado por líderes en el ámbito energético durante el Foro Global de Alto Nivel sobre Transición Energética, este informe tiene por objeto aumentar el nivel de ambición de cara al Diálogo de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre Energía y la Conferencia sobre el Clima (la COP26) que tendrán lugar a lo largo de este año.

Lea el informe World Energy Transitions Outlook completo.

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